Hoy presentamos Claudio Scordato, piloto de Albastar

15 mayo 2019

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Hola Claudio, la tuya es una historia que empieza en tu querida isla, Sicilia, tierra donde también nació el proyecto de crear Albastar. Esta coincidencia es muy curiosa… ¿Cómo empezó tu interés por el vuelo?

Mis abuelos tienen una casa cerca del aeropuerto de Punta Raisi de Palermo. Cuando era niño me pasaba todo el tiempo mirando hacia arriba, y mi abuelo me llevó a una pequeña calle justo al lado de la pista 07/25 para que viera más de cerca los aviones aterrizando y despegando. Era un sitio privilegiado que solo pocos residentes conocían. Probablemente debo a su paciencia que me apasionara. Claramente el tráfico de hace 25 años no se puede comparar con el tráfico del día de hoy. Así que pasaba con él horas y horas hablando, esperando el siguiente avión.

¿Cómo conociste Albastar y por qué elegiste trabajar justo en esta compañía?

Después de haber dejado la idea de ser piloto cuando tenía 18 años, me diplomé en cooperación internacional y eso me llevó a vivir varias experiencias en el exterior. Entre estas experiencias, hubo una de un año con el servicio civil en Lourdes con la Asociación UNITALSI, notoria compañera de Albastar. Así conocí a la compañía. Entre mis tareas logísticas, yo era el conductor de la furgoneta que llevaba las tripulaciones desde el aeropuerto al hotel y viceversa. Después de unos meses ya conocía a casi todos los tripulantes, y siempre les preguntaba mil cosas, hasta que un día un comandante me dijo “si te gusta tanto volar, ¿por qué no haces el curso para ser tripulante de cabina?” y lo hice. La fortuna quiso que, cuando terminé el curso en Barcelona al año siguiente, Albastar organizara un día de entrevistas justo en la escuela donde yo había estudiado. No dejé escapar la oportunidad de poder trabajar con la gente que ya había conocido el año anterior, en un ambiente acogedor y familiar como el de Albastar.

Lourdes ha sido, entonces, el hilo conductor que nos “hizo conocernos”. El haber trabajado directamente con personas que tienen necesidades especiales, y que gracias a Albastar consiguen llegar al destino de su peregrinaje, te ha dado un valor añadido en tu carrera como auxiliar de vuelo. ¿Cuáles son los recuerdos más bonitos que tienes de aquella experiencia? Y sobre todo, ¿cuál es tu recuerdo más emocionante relacionado con Lourdes?

Como un niño en sus primeros días en el colegio, tengo muy buenos recuerdos de todo lo que fue comenzar: el curso, los primeros paseos en las zonas reservadas a los trabajadores en el aeropuerto, descubrir cosas de aeronáutica que hasta aquel momento no conocía. Pero sobretodo la amistad que se ha formado con algunos compañeros del curso, que sigue hasta el día de hoy. Una vez empecé a trabajar, sin duda, los recuerdos más bonitos están relacionados con la complicidad que se forma a bordo entre los tripulantes, y el hecho que en cualquier momento sabes que puedes contar con la persona que está a tu lado. Pero una de las cosas que más me gustaba era la gratitud de los pasajeros cuando llegaban al destino; a veces te lo agradecían como si les hubieras hecho un gran favor, y en verdad era “solo” mi trabajo, un trabajo que yo amaba.
En Lourdes no tengo un recuerdo emocionante en particular, pero trabajando un año entero con los peregrinos de UNITALSI he podido admirar cómo mucha gente que sufre de problemas graves consigue seguir adelante sin abandonar la sonrisa, gracias a la fuerza de la fe y la esperanza. Eso me hizo entender que a menudo no nos damos cuenta de la suerte que muchos tenemos y que en la sociedad moderna creamos problemas que no se pueden comparar mínimamente con algunas de las circunstancias que he visto en Lourdes.

Tú eres el ejemplo de que la pasión y el sacrificio son determinantes para llevar a cabo las aspiraciones propias, ¿cómo decidiste hacerte piloto?

Lo decidí más o menos cuando era conductor en Lourdes: en uno de los mil vuelos en que había ido en la cabina de control, para aburrir a los pilotos con mis preguntas, un comandante me preguntó si nunca había pensado en hacerme piloto. Le contesté que sí, pero que había dejado ese sueño con 18 años, cuando supe que no tenía los requisitos para entrar en la aeronáutica militar, y que ya (en aquella época tenía 29 años) era demasiado tarde. Me contestó que me equivocaba y que en los años siguientes el mercado de pilotos y de la aviación en general, habría crecido muchísimo. Tenía toda la razón. Motivado por aquellas palabras y con el apoyo de mi familia y de mis amigos decidí emprender ese camino, empezando en una escuela en Palma de Mallorca, mientras seguía trabajando como tripulante de cabina de pasajeros para Albastar.

¿Es difícil el camino para ser piloto? ¿Qué consejos das a nuestros/as lectores/as que quieren empezar esta carrera? Seguramente habrás tenido momentos de dificultad, ¿qué es lo que te empujó a seguir para adelante?

Al principio todo el mundo me decía que iba a ser largo y difícil. Y efectivamente así fue. Aparte de la dificultad esperada, hubo varios imprevistos que me ralentizaron un poco, pero gracias a la pasión que siento y a mi vocación, he conseguido superar todos los obstáculos que se me han presentado. Eso es lo que digo a las personas que en este momento están estudiando o están pensando en empezar la profesión de piloto: tenéis que estar seguros/as de vuestra elección, porque realizar un sueño no es una tarea simple. Habrá muchos momentos de dificultad, en los que dudaréis de lo que estáis haciendo y os preguntaréis si de verdad merece la pena. Si de verdad es lo que queréis, y lo afrontáis con constancia y dedicación, no hay obstáculos imposibles, y la respuesta siempre será sí. Lo que me motivó desde el principio y hasta el final fue la posibilidad de cumplir el sueño de cuando era niño, de cuando iba a ver los aviones despegar con mi abuelo.

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